La ONDA y el COLOR de Gonzalo Leonidas

En dos años transformó el nombre de su peluquería en sinónimo de tendencia y moda, y tiene copadas casi todas sus horas hasta enero de 2015. Antes de lograrlo, Gonzalo Leonidas Figueroa (28) tuvo que barrer el pelo que cortaban otros y derribar prejuicios asociados a la figura del peluquero.

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Por Rita Cox / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Belén Muñoz

Paula 1159. Sábado 25 de octubre de 2014.

En una casona de calle Girardi, de 140 metros cuadrados, techos altos y suelo de parquet, está emplazada hace dos años la peluquería Leonidas Hairdresser. No es cualquier peluquería. Más bien parece un gran living de coloridos muebles, revistas alternativas de moda, música indie, una maquinita para jugar pac-man y el desfile del staff de las doce personas que allí trabajan, y que promedian los 35 años, cada una con un look particular. A eso se suma que en cualquier momento pueden entrar caras conocidas, como la animadora Carolina de Moras o la actriz María Luisa Mayol, o las blogueras y productoras de moda Macarena Jiménez, Camila Santa Ana, Camila Palacios y Trini ID. En pocas palabras, Leonidas Hairdresser es un lugar de moda para quienes aman la moda. Al mando de este movimiento está Gonzalo Leonidas Figueroa (28), más conocido como Gonzalo Leonidas, quien junto a su pareja y “futuro marido”, Matías Cortés (29), han armado este espacio en el que cuelga un retrato de Andy Warhol y un neón en que se lee “Bitch”, en honor a Britney Spears, y en cuyas paredes se han montado ya dos exposiciones: Motel, del fotógrafo Gabriel Schkolnick, y otra con los retratos de modelos chilenas de la fotógrafa Rocío Aguirre. “Esta es una peluquería, pero también es un lugar para los amigos”, dice Gonzalo, quien se ha especializado en color.

Gonzalo Leonidas Figueroa se transformó en peluquero después de salir del colegio en Doñihue, desechar estudiar Arte y partir unos meses a Noruega. Allí quedó impactado con la prolijidad del vestir y los cortes de pelo de hombres y mujeres que veía en la calle y en la peluquería de su tío (instalado en Europa hace años), donde solo barrió los pelos que cortaban otros. De vuelta en Chile, y a pesar de los prejuicios de su familia y del entorno, entró a estudiar Peluquería. “Quería ser peluquero y nada más”, cuenta.

“No me gusta el pelo de Bachelet. Es muy evidente su intención de parecerse a Angela Merkel y da cuenta de una austeridad mal entendida. La coquetería y el poder no son antagónicos. Cristina Fernández es un buen ejemplo, con su estética latinoamericana y todo. Para mí, el mejor pelo de la política es el de Evelyn Matthei: comunica fuerza, prolijidad, sobriedad y elegancia”.

¿Con qué prejuicios te enfrentaste?
Estaba el fantasma de que ser peluquero significaba ser un personaje exagerado y extrovertido. ¿Me tendré que teñir el pelo?, ¿me tendré que vestir distinto?, eran algunas de las preguntas que me bombardeaban. Luego, pensaba que mi único destino era trabajar en un caracol o en una cadena de peluquerías, es decir, trabajar para otros. También estaba que mis compañeros de colegio, que ya llevaban un año en carreras como Ingeniería o Arquitectura, y que sabían que yo era gay, consideraban “flaite” ser peluquero. Estudié dos años con Sebastián Ferrer y creo que con un año bastaba. Aprendí cuatro o cinco técnicas y lo realmente relevante para mí fue teoría del color, que aprendí con Olinda Vera, que es seca. Pero nunca me enseñaron corte de hombre, entonces me vi obligado a instalarme en una peluquería de barrio para aprender.

¿Somos dejados los chilenos con el pelo?
En general preferimos dormir quince minutitos más que dedicarle ese tiempo a arreglarnos la chasquilla antes de salir a la calle. Pero también tiene que ver con las distintas etapas de desarrollo de un país. En Noruega se trabajan cinco horas diarias y las personas dedican el resto del tiempo a su propio bienestar y al desarrollo de sus intereses. No le puedes pedir a una persona que se levantó a las 6 de la mañana, estuvo una hora en el taco, trabajó todo el día y volvió agotada a su casa a las ocho de la noche, que tenga energía para preocuparse de su pelo. Pero, como la moda está siendo más accesible, el pelo ha cobrado relevancia como parte fundamental del look. No sacas nada con vestirte de Chanel y tener el pelo feo. Tampoco sacas nada con vestirte estilosa y andar con el pelo cochino o mal teñido.

¿Se comportan distinto hombres y mujeres?
Los hombres son mucho más preocupados que las mujeres, porque cómo se ven está directamente relacionado con cómo son percibidos en el mercado laboral y en el mundo del poder. A la peluquería llegan hombres con unas pintas tremendas, como si fueran saliendo de un evento, se sacan fotos y las postean contando que están en la peluquería. Y, para mí, es mucho más difícil un corte de hombre que de mujer, porque tiene más detalles. Es pura arquitectura y, aunque me queda muy bien, creo que aún no agarro la técnica perfecta.

La práctica forma a un peluquero. Así ocurrió con Vidal Sassoon.
Bueno, Vidal Sassoon es mi gran referente. Es el más grande de todos. Efectivamente es imposible que yo sea peor peluquero a los 50 que a los 28. Hoy, por ejemplo, estoy más dedicado y seguro haciendo color. Luego cortando y, finalmente, peinando. En este trabajo debes ir afinando la técnica, la concentración, tu propia seguridad y manejo de la frustración y las ansias de control. Yo sufro si tengo que peinar a una novia, porque no sé qué va a ocurrir con su pelo en las seis horas o más que dure su fiesta.

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